Prisiones cubanas libres de vejámenes y torturas, afirman en la isla
El sistema penitenciario de Cuba mantiene una tradición de más de cinco décadas sin vejámenes ni torturas a los reclusos, aseguraron aquí autoridades del sector.
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Prensa Latina
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El sistema penitenciario de Cuba mantiene una tradición de más de cinco décadas sin vejámenes ni torturas a los reclusos, aseguraron aquí autoridades del sector. 

"Desde las montañas de la Sierra Maestra (donde el Ejército Rebelde propició el triunfo de la Revolución en 1959) no se maltrata a prisioneros, esa es una herencia que sigue, la del respeto a la dignidad del hombre", afirmó en diálogo con Prensa Latina el teniente coronel del Ministerio del Interior Tomás Vargas. 

Para el jefe de Departamento de la Dirección Nacional de Establecimientos Penitenciarios, resulta lamentable la manipulación de la realidad de los penales cubanos por los grandes medios internacionales.

Desgraciadamente tergiversan nuestra situación, cuando se sabe que el escenario en la isla es bien distinto al de otros países, donde las cárceles representan una cuestión bien complicada, expuso.

Vargas consideró un reciente recorrido de periodistas nacionales y extranjeros por centros penitenciarios de La Habana, "una oportunidad de ver en la práctica la verdad".

Aquí la realidad es otra, porque luchamos por la dignidad del hombre; y eso pasa por no tener torturas ni maltratos, así como por priorizar la reinserción social de los reclusos con programas voluntarios de estudio y trabajo, dijo.

Según el teniente coronel del Ministerio del Interior, cualquier irregularidad en el trato de los sancionados "es detectada rápido por diferentes mecanismos".

"Nuestros combatientes se forman en el respeto a los derechos humanos y para cualquier conducta fuera de eso existen maneras de evitarlo", acotó.

Datos oficiales fijan en alrededor de 50 mil la población penal cubana, la mayoría vinculada a programas de estudio en diferentes niveles de enseñanza, empleo remunerado y capacitación a pie de obra.

"Nuestras penitenciarías no son centros para la impunidad, allí se crean valores y vínculos con la familia, de ahí que nos consideremos educadores que quieren ver a estas personas de regreso a la sociedad construyendo viviendas y escuelas, o ejerciendo como cocineros, albañiles o ingenieros", opinó Vargas.