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Polvo rojo, tierra valiosa
Un científico que enfrentó lo que parecía imposible y le dio la espalda a tentadoras propuestas de deserción. Jovial, atento y ante todo muy vital para sus 83 años, da gusto conversar con un hombre que atesora 59 de trabajo dedicados a la actividad minero-metalúrgica.
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Periódico Trabajadores
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Un científico que enfrentó lo que parecía imposible y le dio la espalda a tentadoras propuestas de deserción. Jovial, atento y ante todo muy vital para sus 83 años, da gusto conversar con un hombre que atesora 59 de trabajo dedicados a la actividad minero-metalúrgica.
El Doctor en Ciencias Técnicas Ventura Herrera Juver, de un total de 50 ingenieros figuró entre los 10 que prefirieron permanecer en el país cuando, una vez nacionalizada la Nickel Processing Corporation de Nicaro, la compañía les propuso marchar a Estados Unidos, en su caso para trabajar en la US Stell, la mayor productora de acero, con salario mensual de mil dólares.
Contactos con el Che
Herrera Juver, miembro de honor del Consejo Científico Superior de la Academia de Ciencias de Cuba, no olvida el día en que, ante un llamado a la puerta de la oficina que ocupaba como jefe de tecnología de la planta, al abrir se encontró con el Comandante Ernesto Che Guevara, entonces ministro de Industrias, interesado en conocer todo lo relacionado con el proceso productivo.
“Conversamos durante aproximadamente dos horas y aproveché para plantearle la necesidad de crear un centro de investigaciones, pues estas había que realizarlas en Nueva York”.
Uno de los problemas más acuciantes a los que se enfrentó era la escasez de piezas de repuesto; por ese motivo, recuerda Ventura: “con frecuencia el Che nos mandaba a buscar, al ingeniero Demetrio Presilla López —jefe del grupo de 10 ingenieros que echamos a andar la planta de Moa— y a mí. Una vez en La Habana nos alojaba en un hotel y nos recibía a partir de las 12 de la noche, pues decía que el día era para trabajar y la noche para reunirse, porque así se acababa más rápido.
“Siempre que se me presentaba la oportunidad, le insistía en el asunto del centro de investigaciones, y antes de partir hacia el Congo recomendó al entonces ministro de Minería mi designación para la creación de este. Así surgió el Centro de Investigaciones para la Industria Minero-Metalúrgica (CIPIMM), fundado en octubre de 1967, donde hoy me desempeño como asesor”.
Como un tesoro conserva el diploma que el Comandante Guevara le entregó en 1964 por haber sido seleccionado técnico destacado en virtud de un trabajo calificado por aquel como brillante.
Sacrificios, superación y consagración
Graduado como ingeniero químico en Filadelfia, donde para costearse los estudios desempeñó disímiles labores, incluso palear nieve, su dominio del inglés le facilitó ocupar una plaza de investigador en la planta, a la cual se incorporó el 10 de agosto de 1953.
“En aquella época, para comenzar a trabajar tenías que contar con la ayuda de un político, pero en mi caso esa puerta me la abrió un amigo que dejaba su plaza en Nicaro para pasar a la Universidad de Oriente. Me presenté en la oficina central de la compañía, en La Habana Vieja, y me aceptaron por mi dominio del idioma inglés.
“Fue en los días posteriores a los sucesos del 26 de julio y, al llegar a Holguín, la guagua en que me trasladaba fue conducida al regimiento, donde nos registraron los equipajes. Cuando mostré la carta que me habían entregado para la Nicaro, por supuesto escrita en inglés, me dejaron continuar libremente.
“Yo pensaba permanecer allí solo un mes y regresar a Estados Unidos, pero me mantuve por 13 años durante los cuales aprendí ingeniería. Comencé con un salario de 250 pesos y poco a poco fue aumentando al desempeñarme como supervisor general de laboratorio primero, y jefe de laboratorio, después.
“Allí colaboré con Manuel Aguilera, jefe de acción del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en Nicaro, y Ciro Martínez, encargado de distribuir los bonos. Viví la guerra y supe de los numerosos crímenes del coronel Jesús Sosa Blanco. Cuando el ataque de los rebeldes al poblado, este asesino lo ametralló; los vecinos nos salvamos porque nos refugiamos en la planta y un capitán le aconsejó no dispararnos para evitar problemas con los 'americanos'”.
Por sus conocimientos, a Herrera Juver le fue reconocido el grado de Doctor, por derecho, y posee la Orden Carlos J. Finlay. Según Manuel Oleaga, su compañero de muchos años, por servicios prestados a entidades extranjeras Ventura ha aportado al país 17,44 millones de dólares estadounidenses. Así es este hombre para quien la minería es “polvo rojo, pero tierra valiosa”.
El Doctor en Ciencias Técnicas Ventura Herrera Juver, de un total de 50 ingenieros figuró entre los 10 que prefirieron permanecer en el país cuando, una vez nacionalizada la Nickel Processing Corporation de Nicaro, la compañía les propuso marchar a Estados Unidos, en su caso para trabajar en la US Stell, la mayor productora de acero, con salario mensual de mil dólares.
Contactos con el Che
Herrera Juver, miembro de honor del Consejo Científico Superior de la Academia de Ciencias de Cuba, no olvida el día en que, ante un llamado a la puerta de la oficina que ocupaba como jefe de tecnología de la planta, al abrir se encontró con el Comandante Ernesto Che Guevara, entonces ministro de Industrias, interesado en conocer todo lo relacionado con el proceso productivo.
“Conversamos durante aproximadamente dos horas y aproveché para plantearle la necesidad de crear un centro de investigaciones, pues estas había que realizarlas en Nueva York”.
Uno de los problemas más acuciantes a los que se enfrentó era la escasez de piezas de repuesto; por ese motivo, recuerda Ventura: “con frecuencia el Che nos mandaba a buscar, al ingeniero Demetrio Presilla López —jefe del grupo de 10 ingenieros que echamos a andar la planta de Moa— y a mí. Una vez en La Habana nos alojaba en un hotel y nos recibía a partir de las 12 de la noche, pues decía que el día era para trabajar y la noche para reunirse, porque así se acababa más rápido.
“Siempre que se me presentaba la oportunidad, le insistía en el asunto del centro de investigaciones, y antes de partir hacia el Congo recomendó al entonces ministro de Minería mi designación para la creación de este. Así surgió el Centro de Investigaciones para la Industria Minero-Metalúrgica (CIPIMM), fundado en octubre de 1967, donde hoy me desempeño como asesor”.
Como un tesoro conserva el diploma que el Comandante Guevara le entregó en 1964 por haber sido seleccionado técnico destacado en virtud de un trabajo calificado por aquel como brillante.
Sacrificios, superación y consagración
Graduado como ingeniero químico en Filadelfia, donde para costearse los estudios desempeñó disímiles labores, incluso palear nieve, su dominio del inglés le facilitó ocupar una plaza de investigador en la planta, a la cual se incorporó el 10 de agosto de 1953.
“En aquella época, para comenzar a trabajar tenías que contar con la ayuda de un político, pero en mi caso esa puerta me la abrió un amigo que dejaba su plaza en Nicaro para pasar a la Universidad de Oriente. Me presenté en la oficina central de la compañía, en La Habana Vieja, y me aceptaron por mi dominio del idioma inglés.
“Fue en los días posteriores a los sucesos del 26 de julio y, al llegar a Holguín, la guagua en que me trasladaba fue conducida al regimiento, donde nos registraron los equipajes. Cuando mostré la carta que me habían entregado para la Nicaro, por supuesto escrita en inglés, me dejaron continuar libremente.
“Yo pensaba permanecer allí solo un mes y regresar a Estados Unidos, pero me mantuve por 13 años durante los cuales aprendí ingeniería. Comencé con un salario de 250 pesos y poco a poco fue aumentando al desempeñarme como supervisor general de laboratorio primero, y jefe de laboratorio, después.
“Allí colaboré con Manuel Aguilera, jefe de acción del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en Nicaro, y Ciro Martínez, encargado de distribuir los bonos. Viví la guerra y supe de los numerosos crímenes del coronel Jesús Sosa Blanco. Cuando el ataque de los rebeldes al poblado, este asesino lo ametralló; los vecinos nos salvamos porque nos refugiamos en la planta y un capitán le aconsejó no dispararnos para evitar problemas con los 'americanos'”.
Por sus conocimientos, a Herrera Juver le fue reconocido el grado de Doctor, por derecho, y posee la Orden Carlos J. Finlay. Según Manuel Oleaga, su compañero de muchos años, por servicios prestados a entidades extranjeras Ventura ha aportado al país 17,44 millones de dólares estadounidenses. Así es este hombre para quien la minería es “polvo rojo, pero tierra valiosa”.
