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La Operación Cóndor contra Cuba
En el mundial de fútbol de 1978, Argentina venció a Perú seis goles a cero. Con ello quitaba del medio a un rival de consideración. La victoria inclinó la balanza a favor de las aspiraciones de los rioplatenses de coronarse campeones. Tan solo cuatro días después, dominaron 3-1 a los holandeses y terminaron alzándose con la corona.
Fuente
Portal Tribuna de La Habana
Fecha
En el mundial de fútbol de 1978, Argentina venció a Perú seis goles a cero. Con ello quitaba del medio a un rival de consideración. La victoria inclinó la balanza a favor de las aspiraciones de los rioplatenses de coronarse campeones. Tan solo cuatro días después, dominaron 3-1 a los holandeses y terminaron alzándose con la corona.
El resultado del encuentro entre ambos equipos clasifica como muy controvertidos en la historia del más universal de los deportes. Casi nadie creyó el cuento de la vapuleada. La vida dio la razón a quienes dudaron. Hoy se sabe que el dictador peruano Francisco Morales Bermúdez (1975-1980) ordenó a los representantes de su país entregar el partido, en pago a un favor que había pedido a su par argentino, el también sátrapa Jorge Rafael Videla, presidente de facto desde 1976 a 1981.
Fue una componenda sellada en el marco de un pacto tenebroso, bautizado con el nombre del ave carroñera más grande del planeta, originaria de Sudamérica.
La Operación Cóndor es el apelativo con el cual denominaron un plan de inteligencia y coordinación -establecido en la década del 70 del pasado siglo- entre los servicios de seguridad de los regímenes militares del Cono Sur: Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Se trataba de una organización clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado, con la cooperación de los EEUU, en particular la Agencia Central de Inteligencia.
No podemos obviar que en la reunión constitutiva participó un representante especial de la CIA en calidad de “observador”. La cita tuvo lugar en Chile a finales de 1975, pero en realidad la Operación había echado a correr más o menos un año antes.
El diabólico engendro daba luz verde al libre movimiento -dentro de los citados territorios- de los integrantes de las fuerzas armadas y paramilitares, involucrados en actividades de espionaje y represión contra los opositores, fundamentalmente los militantes revolucionarios de la región.
Montado sobra la base de una muy bien pensada estructura organizativa supranacional, el operativo Cóndor costó- a lo largo de más de una década de sucio actuar-, el secuestro, tortura, violación, asesinato y desaparición de miles de personas que –de una u otra manera- se atrevieron a desafiar los mencionados regimenes dictatoriales. ¡Reprimir y matar! Esa era la cuestión.
De hecho, el polémico partido entre las selecciones de Argentina y Perú no se limitó a la honra mancillada de una nación, cuyos representantes pasivamente dejaron pisotear en la cancha. De haber sido así, la traición del equipo -aunque triste y dolorosa-, bien pudiera clasificar como el episodio menos tenebroso dentro de los vuelos del Cóndor; pero la mejilla ofrecida constituyó una suerte de compensación de Morales Bermúdez por el traslado a la argentina de 13 presos militantes de izquierda peruanos, quienes durante el viaje serían arrojados al Río la Plata desde un avión. Videla necesitaba ese triunfo para limpiar la mala imagen de la Argentina ante el mundo.
Desgraciadamente, la rapiña batió alas y mató. Alguien ha dicho con mucha razón que la Operación Cóndor dio muchas pruebas de su escalofriante eficiencia.
Precisamente escudriñar en ese infierno donde la crueldad humana y el espanto alcanzaron su máxima expresión, ha sido uno de los objetos de estudio de José Luís Méndez Méndez, profesor universitario y escritor dedicado a la investigación del terrorismo, con énfasis en las prácticas y acciones empleadas contra nuestro país.
Su incesante e intenso discurrir por los más sórdidos y angustiantes vericuetos de la historia más reciente del continente, lo convierte, quizás, en la voz cubana más autorizada para hablar del tema, lo cual también le ha permitido poner sobre el tapete un capítulo poco divulgado de “la vida” del Cóndor: sus zarpazos contra Isla.
Cuando se habla de la Operación Cóndor, la mayoría solo piensa en los países de Sudamérica. Sin embargo de la entrevista que Méndez concediera a Tribuna de La Habana ha quedado claro una cosa: “entre los propósitos supremos que dieron vida a la macabra componenda también figura de manera explícita enfrentar la influencia de Cuba en el hemisferio y apoyar internacionalmente a los terrositas cubanos en sus operaciones contra la Mayor de las Antillas.”
Hay documentos que prueban esas aseveraciones. Una carta del coronel Manuel Contreras Sepúlveda, quien fuera jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) chilena da cuenta de cómo se gestó la coordinación. El centro principal de la organización represiva se instaló en su país, aunque las garras más filosas del Cóndor estaban en Argentina y Paraguay. Este sanguinario castrense fue el responsable del asesinato de Orlando Letelier, canciller del gobierno de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende; crimen llevado a cabo en territorio estadounidense, a manos de terroristas de origen cubano.
Se sabe también que en aquella cita inicial, Contreras le hizo saber a sus homólogos participantes, que para las acciones más riesgosas contarían con cubanos anticatristas, reclutados y entrenados por la CIA.
De acuerdo con las pesquisas de Méndez Méndez, recogidas en una ponencia y también un libro, ambos con el título La Operación Cóndor contra Cuba, los golpes dirigidos contra la Isla eran la manera con la cual los directivos de la Operación pagaban los servicios de los contrarrevolucionarios cubanos.
“En la tristemente celebre relación aparecen nombres -como el de Orlando Bosch, Luís Posada Carriles, Guillermo Novo Sampoll, Rogelio Pérez González, Alvín Ross, Virgilio Paz Romero, José Dionisio Suárez Esquivel- que de solo oírlos a uno le hierve la sangre.
“El 15 de junio de 1976, en República Dominica, bajo la dirección de la CIA, tiene lugar una reunión de organizaciones contrarrevolucionarias cubanas. De ese encuentro nace la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) e inmediatamente empiezan a atentar contra los intereses cubanos en Europa y América Latina.
“Ya en agosto estrenan una nueva modalidad del terrorismo: el secuestro de nuestros diplomáticos. Y de los nacionales contratados en las embajadas para las tareas de apoyo.
“Pongo algunos ejemplos: julio de 1976, intento de secuestro al cónsul cubano en Mérida, con la lamentable pérdida del funcionario Artañán Díaz Díaz. Agosto de ese mismo año, secuestran a Jesús Cejas Arias (22 años) y Crescencio Galañena Hernández (26 años), otros dos funcionarios, esta vez de la embajada en Buenos Aires, donde también hicieron lo mismo con 17 argentinos, trabajadores (de la propia sede, la oficina comercial y la escuela anexa) y algunos de sus familiares más allegados.”
Cuenta nuestro interlocutor que hubo otros intentos y hechos de esta naturaleza y hasta se le hizo un atentado al embajador Emilio Aragonés, “casualmente” el 13 de agosto de 1975. Por suerte salió ileso.
“No siempre la buena estrella nos acompañó, en el atentado con bomba contra la embajada de Cuba en Portugal perdieron la vida Adriana Corcho y Efrén Monteagudo. También recibimos envíos de cartas-bombas en nuestras sedes diplomáticas en España, México y Perú.”
Sabido es que nos dinamitaron y hundieron barcos. Sin embargo, en opinión de Méndez, nada más dramático, cruel y repugnante que la explosión en pleno vuelo de un avión civil de Cubana de Aviación, frente a las costas de Barbados.
“Llevaba 73 pasajeros a bordo. Ninguno sobrevivió para contarlo. Lo más triste es que antes y después de el horrendo crimen del 6 de octubre de 1976 se orquestaron 13 planes para hacer estallar otros aviones civiles cubanos.”
Los detalles en torno brutal acto criminal que tuvo lugar en el cielo barbadense son de dominio público. Todo el mundo sabe el nombre, tanto de los autores materiales como intelectuales. Sin embargo, llama la atención un detalle: inmediatamente después, el diario El Miami Herald publicó una noticia donde daba cuenta de la llamada de un individuo que adjudicaba la autoría del atentado a un grupo denominado El Cóndor.
¡Era la primera vez que la palabra se decía públicamente!
Nota: Esta es una historia inconclusa hasta tanto aparezcan y se le de honrosa sepultura a todos los cadáveres de los secuestrados. También para poner el punto final se hace necesario sentar a cada uno de los culpables en el banquillo de los acusados y que sean penados con la sanción que merecen.
El resultado del encuentro entre ambos equipos clasifica como muy controvertidos en la historia del más universal de los deportes. Casi nadie creyó el cuento de la vapuleada. La vida dio la razón a quienes dudaron. Hoy se sabe que el dictador peruano Francisco Morales Bermúdez (1975-1980) ordenó a los representantes de su país entregar el partido, en pago a un favor que había pedido a su par argentino, el también sátrapa Jorge Rafael Videla, presidente de facto desde 1976 a 1981.
Fue una componenda sellada en el marco de un pacto tenebroso, bautizado con el nombre del ave carroñera más grande del planeta, originaria de Sudamérica.
La Operación Cóndor es el apelativo con el cual denominaron un plan de inteligencia y coordinación -establecido en la década del 70 del pasado siglo- entre los servicios de seguridad de los regímenes militares del Cono Sur: Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Se trataba de una organización clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado, con la cooperación de los EEUU, en particular la Agencia Central de Inteligencia.
No podemos obviar que en la reunión constitutiva participó un representante especial de la CIA en calidad de “observador”. La cita tuvo lugar en Chile a finales de 1975, pero en realidad la Operación había echado a correr más o menos un año antes.
El diabólico engendro daba luz verde al libre movimiento -dentro de los citados territorios- de los integrantes de las fuerzas armadas y paramilitares, involucrados en actividades de espionaje y represión contra los opositores, fundamentalmente los militantes revolucionarios de la región.
Montado sobra la base de una muy bien pensada estructura organizativa supranacional, el operativo Cóndor costó- a lo largo de más de una década de sucio actuar-, el secuestro, tortura, violación, asesinato y desaparición de miles de personas que –de una u otra manera- se atrevieron a desafiar los mencionados regimenes dictatoriales. ¡Reprimir y matar! Esa era la cuestión.
De hecho, el polémico partido entre las selecciones de Argentina y Perú no se limitó a la honra mancillada de una nación, cuyos representantes pasivamente dejaron pisotear en la cancha. De haber sido así, la traición del equipo -aunque triste y dolorosa-, bien pudiera clasificar como el episodio menos tenebroso dentro de los vuelos del Cóndor; pero la mejilla ofrecida constituyó una suerte de compensación de Morales Bermúdez por el traslado a la argentina de 13 presos militantes de izquierda peruanos, quienes durante el viaje serían arrojados al Río la Plata desde un avión. Videla necesitaba ese triunfo para limpiar la mala imagen de la Argentina ante el mundo.
Desgraciadamente, la rapiña batió alas y mató. Alguien ha dicho con mucha razón que la Operación Cóndor dio muchas pruebas de su escalofriante eficiencia.
Precisamente escudriñar en ese infierno donde la crueldad humana y el espanto alcanzaron su máxima expresión, ha sido uno de los objetos de estudio de José Luís Méndez Méndez, profesor universitario y escritor dedicado a la investigación del terrorismo, con énfasis en las prácticas y acciones empleadas contra nuestro país.
Su incesante e intenso discurrir por los más sórdidos y angustiantes vericuetos de la historia más reciente del continente, lo convierte, quizás, en la voz cubana más autorizada para hablar del tema, lo cual también le ha permitido poner sobre el tapete un capítulo poco divulgado de “la vida” del Cóndor: sus zarpazos contra Isla.
Cuando se habla de la Operación Cóndor, la mayoría solo piensa en los países de Sudamérica. Sin embargo de la entrevista que Méndez concediera a Tribuna de La Habana ha quedado claro una cosa: “entre los propósitos supremos que dieron vida a la macabra componenda también figura de manera explícita enfrentar la influencia de Cuba en el hemisferio y apoyar internacionalmente a los terrositas cubanos en sus operaciones contra la Mayor de las Antillas.”
Hay documentos que prueban esas aseveraciones. Una carta del coronel Manuel Contreras Sepúlveda, quien fuera jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) chilena da cuenta de cómo se gestó la coordinación. El centro principal de la organización represiva se instaló en su país, aunque las garras más filosas del Cóndor estaban en Argentina y Paraguay. Este sanguinario castrense fue el responsable del asesinato de Orlando Letelier, canciller del gobierno de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende; crimen llevado a cabo en territorio estadounidense, a manos de terroristas de origen cubano.
Se sabe también que en aquella cita inicial, Contreras le hizo saber a sus homólogos participantes, que para las acciones más riesgosas contarían con cubanos anticatristas, reclutados y entrenados por la CIA.
De acuerdo con las pesquisas de Méndez Méndez, recogidas en una ponencia y también un libro, ambos con el título La Operación Cóndor contra Cuba, los golpes dirigidos contra la Isla eran la manera con la cual los directivos de la Operación pagaban los servicios de los contrarrevolucionarios cubanos.
“En la tristemente celebre relación aparecen nombres -como el de Orlando Bosch, Luís Posada Carriles, Guillermo Novo Sampoll, Rogelio Pérez González, Alvín Ross, Virgilio Paz Romero, José Dionisio Suárez Esquivel- que de solo oírlos a uno le hierve la sangre.
“El 15 de junio de 1976, en República Dominica, bajo la dirección de la CIA, tiene lugar una reunión de organizaciones contrarrevolucionarias cubanas. De ese encuentro nace la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) e inmediatamente empiezan a atentar contra los intereses cubanos en Europa y América Latina.
“Ya en agosto estrenan una nueva modalidad del terrorismo: el secuestro de nuestros diplomáticos. Y de los nacionales contratados en las embajadas para las tareas de apoyo.
“Pongo algunos ejemplos: julio de 1976, intento de secuestro al cónsul cubano en Mérida, con la lamentable pérdida del funcionario Artañán Díaz Díaz. Agosto de ese mismo año, secuestran a Jesús Cejas Arias (22 años) y Crescencio Galañena Hernández (26 años), otros dos funcionarios, esta vez de la embajada en Buenos Aires, donde también hicieron lo mismo con 17 argentinos, trabajadores (de la propia sede, la oficina comercial y la escuela anexa) y algunos de sus familiares más allegados.”
Cuenta nuestro interlocutor que hubo otros intentos y hechos de esta naturaleza y hasta se le hizo un atentado al embajador Emilio Aragonés, “casualmente” el 13 de agosto de 1975. Por suerte salió ileso.
“No siempre la buena estrella nos acompañó, en el atentado con bomba contra la embajada de Cuba en Portugal perdieron la vida Adriana Corcho y Efrén Monteagudo. También recibimos envíos de cartas-bombas en nuestras sedes diplomáticas en España, México y Perú.”
Sabido es que nos dinamitaron y hundieron barcos. Sin embargo, en opinión de Méndez, nada más dramático, cruel y repugnante que la explosión en pleno vuelo de un avión civil de Cubana de Aviación, frente a las costas de Barbados.
“Llevaba 73 pasajeros a bordo. Ninguno sobrevivió para contarlo. Lo más triste es que antes y después de el horrendo crimen del 6 de octubre de 1976 se orquestaron 13 planes para hacer estallar otros aviones civiles cubanos.”
Los detalles en torno brutal acto criminal que tuvo lugar en el cielo barbadense son de dominio público. Todo el mundo sabe el nombre, tanto de los autores materiales como intelectuales. Sin embargo, llama la atención un detalle: inmediatamente después, el diario El Miami Herald publicó una noticia donde daba cuenta de la llamada de un individuo que adjudicaba la autoría del atentado a un grupo denominado El Cóndor.
¡Era la primera vez que la palabra se decía públicamente!
Nota: Esta es una historia inconclusa hasta tanto aparezcan y se le de honrosa sepultura a todos los cadáveres de los secuestrados. También para poner el punto final se hace necesario sentar a cada uno de los culpables en el banquillo de los acusados y que sean penados con la sanción que merecen.
