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Celia, Fidel, aseguramiento logístico y preparación ideológica de los combatientes del Ejército Rebelde

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Boletín Revolución

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Desde la Sierra o desde el llano, tanto Fidel como Celia sabían que estaban inmersos en una labor política constante de sumar almas generosas y honradas a la lucha por la libertad de Cuba. El aporte logístico sería una de la primeras y principales acciones de colaboración que aquellas personas tenía con el propósito de contribuir con la patria: dinero para armas y abastecimientos, propaganda, medici-
nas, uniformes, fotografías...
 
Muchos de ellos llegaron a integrar el Movimiento 26 de Julio, otros apoyaron el desembarco del yate Granma o se convirtieron en combatientes en la Sierra, y algunos hasta murieron en combate.

Si el desembarco se produce, que no está la pérdida tampoco de esta gente, hubiera sido un éxito de verdad. Nosotros teníamos las co-
municaciones que Lalo1 las tenía en toda la costa con todo el mundo, contacto con todo, todo precisado, y de verdad desembarca Fidel
y teníamos camiones, teníamos camionetas, teníamos gasolina, teníamos por toda la costa gente esperando a Fidel, en contacto con nosotros por cualquier cosa que se hubiera producido. Nosotros hubiéramos tenido contacto enseguida, sabíamos el cuartel de
Niquero con qué contaba, dónde estaba la posta, todo, teníamos el de Pilón igual, y Media Luna.2
 
De manera que la labor política y la defensa de la ideología revolucionaria del Movimiento siempre estuvo presente en cada momento del aseguramiento que desarrollaba Celia con sus colaboradores, persona a persona, —ya fuese bajo el seudónimo de Lilian, Caridad, Carmen, Norma o Aly—, con el convencimiento y la explicación del programa de la Revolución, con el ejemplo de los propios jóvenes que peleaban en las montañas y con el accionar ético del Ejército Rebelde, que cada vez se fue conociendo más.
 
La actividad ideológica en función del aseguramiento logístico y viceversa era interminable en todas partes. Así escribiría Celia en dos ocasiones a una colaboradora —ya desde la Sierra en 1957—, para que no desmayase el trabajo en el llano:

No decaigas en ayudar como hasta que yo vine. Ahora debías desdoblar tus fuerzas y así decirlo a los pocos que quedaron ahí. Mira que vale la pena todos los sacrificios por el triunfo de esta revolución que con gusto han dado su vida tantos de estos muchachos, aún
el que muere cae con una sonrisa, orgullosos de morir por esta causa justa.3

Querida Elsa:
Recibí tu carta. El papel y los cigarros, todo ha venido muy bien. Gracias. Siento lo de las fotografías, en estos momentos no está Raúl para darle la mala noticia, ni tengo los rollitos para mandarte. Lo que sí quiero es que Gustavo te entregue las  fotos y me las guardes. No te encargo nada más que fusiles y balas, de todo tenemos. Recibí carta de Acacia. Ve por casa de las tías y diles que estoy bien, tan bien que he aumentado nueve libras, solo con respirar libertad tengo. Todo sacrificio que se haga por esta revolución vale la pena. El tiempo se los demostrará.4
 
El trabajo ideológico estuvo presente siempre, desde la captación de jóvenes revolucionarios para ir al Moncada, fundar el Movimiento y hasta con solidarlo. Es por eso que en la Sierra, Fidel también aprovechaba cada minuto para enseñar y dar una clase a sus combatientes, y mostrar la esencia martiana y humanista de la Revolución. Así lo refiere Celia Sánchez en el siguiente relato, que tuvo lugar en los días posteriores al combate de Uvero, el 28 de mayo de 1957:

Cuando Uvero, lo único que nos quedaba eran unos pocos garbanzos (...) No solos así, crudos, que hacía tiempo ya que se traían en
las mochilas. Traía yo, un poco Fajardo,5 un poco el Che.
(...)

Esa noche de Uvero, con los presos y todo, dice Fidel: «Bueno, vamos a encender candela». Figúrate, nos volvimos locos todo el mundo porque íbamos a comer esa noche y los garbanzos, lo único que había de comer era garbanzos. Lo único, y teníamos que llenarnos porque no sabíamos después qué venía, al otro día, nada. Vamos y voy a encender, entonces pendiente del cubo, y la candela, y échale, y la leña no encendía, y busca el palito. Todo el mundo ayudó a cocinar los garbanzos. Nadie se acostó a dormir velando el cubo de garbanzos. Y a las 5 de la mañana
dice Fidel: «Celia, hay que levantar un acta de la liberación de los prisioneros». Y pongo yo al lado del fogón aquella acta para la libera-
ción de los prisioneros. Y ya los garbanzos los iban a repartir. Dice Fidel: «Luis,6 baja el cubo de garbanzos y se lo repartes aquí a todos los prisioneros, que se tienen que ir».7
 
La idea está clara: la ética de Fidel estaba por encima de cualquier circunstancia. Él indicó dar a los prisioneros del ejército enemigo la poca comida que poseían, para que regresaran a sus casas sin problemas de ningún tipo y como muestra de la grandeza de los rebeldes que demostraban que la guerra con ellos tenía otro vuelo más poderoso: el de las ideas.

Refiere la propia Celia Sánchez que el rostro de Luis Crespo Cabrera ante la decisión de Fidel, ella no lo olvidaría nunca y no fueron pocos los contrariados —aunque en silencio—. Sin embargo, en breves minutos ya comenzaban a comprender la talla del líder de la Revolución que les demostraba que en una guerra, a los prisioneros se les daba buen trato, no se les vejaba y con ellos se compartía incluso hasta la comida.
 
La humanidad de Fidel y también su estrategia sería además un golpe demoledor a la dictadura, cuando cada uno de esos hombres bajara al llano y dijera que además de haber sido bien tratados, habían sido alimentados con la comida que los propios rebeldes tenían reservada. El trabajo ideológico funcionaba, en ese caso, tanto para los rebeldes como para los soldados prisioneros. Esta es una primera muestra de cómo, a partir del aseguramiento logístico, en este caso de la distribución de los abastecimientos —escasísimos en esa etapa inicial— se podía dar
una clase magistral de ética y humanismo.

Es preciso entonces repasar otro momento, que tampoco resultaba comprensible para los jóvenes rebeldes, y en el que se demostraba que no solo se debía pensar en el momento inmediato, sino a largo plazo. Esta anécdota se enmarca en el año 1957, cuando la guerrilla ya desandaba la Sierra y lograba sus primeras victorias, y los campesinos comenzaban a ayudarlos en los suministros. Lo narra también Celia Sánchez:
 
Un día llegaba uno con una gallina, y cargó uno la gallina, y entonces al otro día le tocó a Crespo, al otro día a Fajardo, y les puedo de-
cir que nos fuimos turnando la gallina, ¿no? Y todo el mundo: «bueno, ¿cuándo me toca a mí?» Primero por comerla y después pues el problema de cargar la gallina.
(...)

Bueno, todo el mundo estaba esperando ya que llegara la noche para encender candela, y dice Fidel: «No, no se va a encender candela».
 
La gallina, y no comernos la gallina, y Camilo venía, era de la vanguardia, y a cada rato me decía:
—¿Qué?
—Nada.
La gallina seguía allí.

Entonces Luis Crespo un día nos dice: «Lo peor es si la gallina pone y Fidel la descubre». Y cuando se incorpora a la tropa Fidel, ya:
«Oigan, tienen que desaparecer el huevo y la gallina». Y el Che empezó: «Bien abiertos los ojos: que no ponga la gallina, fíjate». Llega-
mos a... Ay, puso la gallina, ya se desgració.
 
(...)
 
Pasamos un día de apuro ahí, y la gallina seguía porque no encendíamos candela.
 
(...)
 
Entonces llegamos a la casa de un campesino. «Ay, qué bueno» —dijimos—. Nada, aquí mismo.

Él [Fidel] dice: «Bueno mire, esta gallina hace tantos días que traemos...» —y todos nos miramos, y ya nos íbamos a comer la gallina—
«vamos a dejarla aquí para hacer cría». Y dejó la gallina haciendo cría (...).8

En la medida en que crecía el Ejército Rebelde y sus victorias, ya en 1958 surgen nuevas columnas y frentes guerrilleros, y comienzan las construcciones de la hermosa Comandancia de La Plata, en la cual tenían concebidas hospitales y escuelas. Relacionado con el desarrollo de estas últimas, mantenía una preocupación y ocupación constantes por sus recursos, con la finalidad de que pudieran desempeñar bien su trabajo. El 22 de abril de 1958 escribió:

Saborit: Le mando 20 libretas y 20 lápices, los 20.00. Anteriormente no lo he atendido por carecer de lo que más me pedía.
 
Los maestros nuestros no son para los del Movimiento 26 de Julio, sino para todos. Saludos.9
 
En esta nota Celia deja bien claro el carácter inclusivo de cada una de las acciones de la Revolución, que no distinguía en la militancia o no de la población civil, sino que les ofrecía igualdad de oportunidades. Esa idea también debía inculcarse en todos los miembros del Ejército Rebelde con el objetivo de que fuera fortaleciéndose la necesaria unidad para el triunfo. Así sucedía también con los recursos destinados a la salud:

Dr: La señora es esposa de uno de nuestros trabajadores; se siente enferma, le ruego me la atienda en la consulta.
Gracias. Abrazos.
Aly10
 
El 21 de abril de 1958, en medio de los preparativos para hacer frente a la ofensiva de verano de la tiranía batistiana, Fidel le escribe a Celia a Las Vegas de Jibacoa, donde ella se encargaba de acopiar lo necesario para resistir en los días de combate. Fidel se queja de fuerte dolor de muela y le solicita algún remedio, así como abastecimientos para el grupo que se encuentra con él. Un detalle esencial es cuando le pide que le manden al menos quince vacas para repartir en La Plata —agrega— «donde nunca hemos distribuido ninguna».11
 
Se denota en esta carta, la preocupación constante de Fidel por los campesinos que los ayudaban, por los habitantes de la Sierra, de manera que los recursos no serían solo destinados a los rebeldes. Aquella actitud de compartir lo poco que se tiene era una enseñanza constante para sus combatientes y pobladores de las montañas, quienes durante tanto tiempo habían sido olvidados y maltratados, y veían en el accionar de los guerrilleros la oportunidad y el futuro de una vida justa.
 
Seis días después, le indica el envío y reparto de reses para la tropa y campesinos: «Que Eufemiotenga el cuidado de que no se quede ninguno de
estos barrios sin carne, como por ejemplo el Pino. El único que debe exceptuarse es este de la Mina del Infierno, porque vamos a mandarle las reses que te indiqué».12

Celia le escribe a Fidel el 28 de abril, entre otros temas, que ya tiene un carro con tres hombres y herramientas, que se encargarán de recoger todo el hilo telefónico y los teléfonos de Ceiba Hueca y San Ramón; que no se preocupe por el vehículo para Che, pues este ya tiene un yipi para moverse: «Está como un niño en mañana de Reyes», le dice; y más adelante asegura que ya se mandó a entregar las reses como él lo había indicado.

Como vemos, se refiere a la entrega de reses a los campesinos que junto a ellos quedaban dentro del cerco de la ofensiva de la tiranía. De igual forma, en carta que le dirige a Fidel el día 6 de mayo retoma el tema: «Ya ayer se comenzó el reparto de las vacas».13
 
En otra misiva a la propia Celia el 11 de mayo, le refiere que no considera perdidas las energías de esos días, pues así adelantaron los preparativos para la defensa. Un día más tarde acude a ella otra vez sobre el tema logístico: «Cuando recibas zapatos, divídelos proporcionalmente entre las distintas unidades. Alguna gente como la de Paz, ha caminado mucho y necesita algo más».14
 
A continuación, una carta de Celia —de finales de la ofensiva de 1958— a la también heroína Haydée Santamaría Cuadrado, que por su contenido, manera de relatar y describir lo sucedido en la Sierra, consideramos importante compartir uno de sus párrafos como muestra de su empeño: «En cada zona situamos ganado para leche y carne a la tropa y a los campesinos».15
 
El 8 de julio el Comandante le solicita a Celia: «manda 50 latas leche y 50 sardinas para la gente que está con Che». A las cinco de la tarde de ese mismo día le vuelve a escribir:
 
Mándame un ayudante con 4 latas de leche, 4 sardinas, chocolate y una linterna con pilas nuevas. Voy a hacer contacto con Che y Cuevas. Laferté16 que se encargue de mandar antes de que sea de noche el personal para cavar trincheras. Guillermo17 que permanezca ahí. Que le lleven a Lalo18 con el personal de cavar trincheras 50 latas de leche y 50 sardinas. A cada uno de lo que va a trabajar esta noche una de leche y una de sardina.
 

P.D. Cualquier mensaje que me lo lleven por el camino de la Mina a Meriño. Celia: un zapato se me acaba de romper completamente. Mándame el par que me dijiste.19
 
Por esos días, Celia se traslada junto al Comandante al alto de Cahuara, donde establece el puesto de mando para iniciar la Batalla de Jigüe el día 11. Ella desde allí mantuvo su comunicación con los colaboradores. Sobre el desarrollo de algunas de las instalaciones rebeldes, como la quesería, se aprecia en la siguiente nota del 12 de julio de 1958 a Ramón Paz Borroto:
 
Ahí le manda el Comandante ese queso y cigarros para usted y Orestes. Aunque sabemos que se abastecen por allá y malamente, igual aquí, pero así la vamos pasando. Queremos que participen del primer queso de la quesería nuestra.20
 
Un aspecto ético del Ejército Rebelde en su administración era que toda mercancía que se consumía, se pagaba, de manera que la honestidad y la transparencia fueran valores que los propios colaboradores percibieran e interiorizaran como preludio del futuro. De esa misma forma, estaba la atención a los combatientes y a los heridos en combate, aunque fuesen del ejército rival. Escribe así a Braulio Curuneaux,21 en 1958:
 
A usted y al guardia herido les mandé leche, para ustedes dos. Aquí me quedan tres latas que las he guardado, una suya mañana y dos de los heridos; esto para asegurar porque yo mandé a buscar y me debe llegar leche esta tarde, entonces mañana mandaría más.
 
Pero si no llega le tengo aunque sea una separada.22
 
Ese mismo día 31 de julio de 1958 había iniciado la Batalla de Las Mercedes, y Celia se traslada junto a Fidel a la zona de Jobal Arriba. Desde ese sitio, también la tarea logística proseguía en función de mantener en alto la disposición combativa de las tropas rebeldes. En este caso, se muestra el uso de los aseguramientos con la intención de estimular los resultados y los éxitos, además de sus necesidades. Es así que el día 4 de agosto Celia le escribe a Guillermo García Frías: «Ahí te mando ese reloj. Es automático. El otro lo voy a mandar a arreglar y se lo damos a los muchachos para las postas.
 
 
Te mando dos lapiceros y dos fosforeras. Los felicito a todos».23

Así también durante la contraofensiva rebelde, Celia se mantiene ocupada para garantizar lo necesario a los combatientes, aunque en esa etapa la mayoría se refiere a solicitudes de combustible para poder moverse en el avance a Santiago de Cuba y no hay notas a Fidel, pues estaban marchando juntos todo el tiempo. No obstante, tanto ella como el Comandante, continuaron siendo ejemplos de lo importante de cumplir bien con la tarea que le corresponde, sea cual sea, y que siempre se puede aprender y defender a la Revolución desde la vanguardia, la retaguardia, o bien desde el aseguramiento logístico para lucha armada.

1 Se refiere al combatiente Eudaldo, Lalo, Vázquez Rodríguez.
2 Testimonio sobre preparativos para el desembarco del yate
3 Carta de Celia Sánchez Manduley a su colaboradora Elsa Castro, 29 de noviembre de 1957, Fondo Celia Sánchez Manduley, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
4 Carta de Celia Sánchez Manduley a su colaboradora Elsa Castro, 18 de diciembre de 1957, Fondo Celia Sánchez Manduley, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
5 Manuel Fajardo Sotomayor (1932-1995). Campesino que se sumó al Ejército Rebelde.
6 Luis Crespo Cabrera (1923-2002). Combatiente revolucionario cubano. Expedicionario del yate Granma y comandante del Ejército Rebelde
7 Testimonio de Celia Sánchez sobre el combate de Uvero, Fondo Testimonio, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
8 Fondo Testimonio, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
9 Carta de Celia a un colaborador, 22 de abril de 1958, Fondo Celia Sánchez Manduley, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
10 Carta de Celia a un colaborador, 16 de enero de 1958, Fondo Celia Sánchez Manduley, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
11 Carta de Fidel a Celia, 21 de abril de 1958, Fondo Fidel Castro Ruz, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
12 Carta de Fidel a Celia, 27 de abril de 1958, Fondo Fidel Castro Ruz, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
13 Carta de Celia a Fidel, 28 de abril de 1958, Fondo Celia Sánchez Manduley, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
14 Carta de Fidel a Celia, 11 de mayo de 1958, Fondo Fidel Castro Ruz, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
15 Carta de Celia a Haydée Santamaría, agosto de 1958, Fondo Celia Sánchez Manduley, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
16 Evelio Laferté: Combatiente del Ejército batistiano que se integró al Ejército Rebelde.
17 Se refiere al hoy Comandante de la Revolución Guillermo García Frías.
18 Eduardo Sardiñas Labrada, Lalo: Combatiente del Ejército Rebelde.
19 Carta de Fidel a Celia, 8 de julio de 1958, Fondo Fidel Castro Ruz, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
20 Carta de Celia a Ramón Paz Borroto, 12 de julio de 1958,Fondo Celia Sánchez Manduley, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
21 Braulio Curuneaux Trimiño: se alistó en el ejército de Fulgencio Batista y luego se unió al Movimiento 26 de Julio. Cayó combatiendo heroicamente en la Batalla de Guisa.
22 Carta de Celia a Braulio Curuneaux Trimiño, 1958, Fondo Celia Sánchez Manduley, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.
23 Carta de Celia a Ramón Paz Borroto, 4 de agosto de 1958, Fondo Celia Sánchez Manduley, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.